Es bastante frecuente encontrarnos en los últimos tiempos con acciones publicitarias de pequeñas empresas con las que los empresarios tratan de reconducir la bajada de ventas a la que se enfrentan ya sea por una reducción del consumo motivado por un decrecimiento de la demanda o por un desplazamiento de esta por acudir a un bien sustitutivo que satisface su necesidad o por desplazarse a una nueva alternativa de consumo que se haya implantado en la ciudad, por ejemplo, un nuevo centro comercial.
Resulta triste y frustrante comprobar casi a diario los distintos intentos que van realizando los comerciantes afectados para luchar contra alguno de estos gigantes que les amenaza y ver como una tras otra, se van pegando tortas contra un cristal invisible como si de una mosca que trata de salir de una habitación atravesando la ventana se tratase.
En algunos casos, los empresarios o los responsables de ventas acuden a profesionales de la comunicación y gastan sus escasos cartuchos económicos en grandes campañas de notoriedad local tratando de hacer frente al gigante con sus mismas armas, otras veces (la mayor parte de las veces) caen en la trampa del precio y comienzan la absurda y suicida guerra de tratar de competir en precio siendo una pequeña empresa.
El gran error en ambas situaciones se encuentra en la precipitación, en la falta de conocimiento y en menos valorar la difícil tarea que se encuentra detrás del Marketing, reduciéndolo todo al resultado final, a la puesta en escena del Marketing, la campaña de comunicación, la publicidad.
Tratar de imitar esta parte sin trabajar un Plan de Marketing es similar a subirse a un escenario a representar una obra de teatro sin haberla preparado antes.
Puede parecer muy técnico hablar de la necesidad de disponer de un Plan de Marketing, pero nada más alejado de la realidad. Cuando hablamos de realizar un Plan de Marketing estamos hablando de responder de manera meditada, consciente y consecuente con el mercado y las capacidades de nuestra empresa a tres sencillas preguntas.
¿Dónde estamos? – Con respecto a cómo nos ve el mercado, con respecto a la oferta competitiva y con respecto a las capacidades de la empresa.-
¿A dónde vamos? – O a donde podemos ir para mantener una propuesta única, diferencial y de valor para nuestros clientes actuales o para los futuros potenciales clientes.-
¿Cómo llegamos allí? – Qué cambios de oferta, políticas, de estrategia comercial e incluso organizativos vamos a necesitar para llegar a nuestro destino y si para darlos a conocer al mercado, necesitamos campañas publicitarias, promocionales, etc.-
Una vez que tenemos claro nuestro camino, pisa el acelerador y publicita, comunica y vuelve a comunicar cuantas veces puedas ya que el retorno de la inversión merecerá la pena.Este es el orden que tenemos que seguir, primero planificar y después ejecutar las acciones que nos lleven hacia el objetivo que nos hemos marcado y no dejarnos llevar por la imitación publicitaria de los grandes o por el miedo escénico ante la reducción de las cifras de ventas.
Saltarse la planificación previa equivale a disparar sin apuntar con la esperanza de alcanzar alguna de las dianas disponibles.
Evidentemente, muchas veces responder a preguntas sencillas no es sencillo en sí mismo. Quizás este sea el momento de echar mano de un profesional en la materia que nos facilite la tarea de responder de manera coherente con nuestras capacidades a estas tres cuestiones y que nos muestree una vía alternativa para escapar de la habitación en la que nos encontramos encerrados en lugar de seguir pegándonos cabezazos contra el cristal de la ventana consumiendo las escasas fuerzas que nos restan.
>>Foto de Neil Krug<<


